Levantado
en la misma roca y en torno a la fortificación se desarrolla
el paisaje urbano típico de La Iruela. Empinadas y estrecha calles,
pequeñas casas blancas cubiertas por tejas árabes, balconadas
de palos adornadas con macetas, y parras centenarias que se enredan por
las fachadas y patios de sus casas.
Se presenta como un magnífico balcón natural, desde donde
las vista se pierde entre un paisaje de olivos y fértiles campos
regados por el Guadalquivir, los blancos pueblos de la campiña
y los verdes y brillantes bosques de pinos.

