Los primeros
pobladores de La Iruela llegaron en la Edad del Cobre (III milenio a.C.),
y se tienen indicios de una intensa ocupación
hasta la Edad del Bronce.
En
la segunda mitad del II milenio a.C. se produjo un despoblamiento de la
zona, cuyas causas aún se desconocen. Habrá que esperar al
siglo II a.C. para asistir a una nueva proliferación de asentamientos.
De
ellos, el único que nos ha dejado su nombre es el de los turdulos,
aldea sobre la que los cartagineses fundaron en el año 230 a.C.
la ciudad de Curris.
Durante
el período islámico, al igual que su vecina Cazorla, La Iruela,
debió ser una de las pequeñas poblaciones rurales que se
extendían por la región. Es bajo el poder musulmán
cuando adquiere su actual denominación.
En
torno al siglo XI y como consecuencia de la permanente inestabilidad, los
pobladores rodearon a La Iruela de una muralla. La cima del promontorio
les servía de refugio. En 1231 fue conquistada por el arzobispo
de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada y el rey Fernando III el
Santo se la dona a la mitra toledana.
El
arzobispo Don Sancho, Infante de Castilla e hijo de Fernando III, con la
intención de reforzar el alfoz de Cazorla, decide en 1294, dársela
como aldea. Pero La Iruela se negó a obedecer este privilegio dado
a Cazorla, lo que provocó distintos enfrentamientos entre ambas
poblaciones.

Hacia
el año 1366, durante el gobierno del arzobispo don Gómez
Manrique, militante en el bando de Enrique II, las villas y lugares del
Adelantamiento quedaron divididas: mientras Cazorla siguió el partido
de Pedro I, La Iruela secundó la política del arzobispo.
Como recompensa a esta fidelidad le devuelve el título de Villa
el 28 de junio de 1370. Queda convertida con este nombramiento en exenta
y sujeta únicamente a la jurisdicción arzobispal de Toledo
cuyos prelados nombraban alcaldes, escribanos y demás oficiales
de justicia.
Pero
esta independencia duró poco ya que Cazorla consiguió del
mismo arzobispo la anulación del privilegio y La Iruela volvió a
su condición de aldea el 5 de agosto de ese mismo año.
La
definitiva recuperación de su autonomía llegará 8
años después, cuando el arzobispo don Pedro Tenorio le devuelve
su autonomía municipal.
Los
arzobispos de Toledo mantienen la posesión sobre esta villa hasta
1811, en que las Cortes de Cádiz suprimen la jurisdicción
territorial del arzobispado en todo el Adelantamiento de Cazorla.
Desde
hace milenios, muchos pueblos se sintieron atraídos por su belleza,
por la riqueza de su suelo, y sobre todo por su estratégica ubicación.
Son muchos los testimonios históricos repartidos entre sus empinadas
calles los que dan fe de este paso del tiempo y han servido de inspiración
a numerosas leyendas y antiguas tradiciones, vivas desde los tiempos de
la Reconquista, que dotan a La Iruela de un especial encanto.
Para
los amantes de la Historia es un auténtico lujo visitar su iglesia
renacentista, su castillo, poderoso e inaccesible, resultado de la construcción
a lo largo de tres épocas distintas, o sus tres recintos amurallados.